Gira del Presidente Allende a Cuba - 1972 Discurso del Presidente Salvador Allende en la Plaza de la Revolución en la Ciudad de La Habana |
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Pueblo de Cuba: Queridas compañeras y estimados compañeros de La Habana ; Comandante y amigo, Primer Ministro de Cuba revolucionaria, Fidel Castro (aplausos); Compañero y amigo, Presidente de Cuba, Osvaldo Dorticós (aplausos); Compañeras y compañeros dirigentes del Partido Comunista de Cuba (aplausos); Invitados de otros países amigos que asisten a este multitudinario acto de masas; |
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Cubanos y chilenos: Levanto mi voz con profunda emoción en esta plaza donde tradicionalmente se reúne el pueblo para escuchar la palabra de Fidel y de los dirigentes de la revolución. Lo hago frente a la estatua de Martí, que cobra vida y presencia con el calor del pueblo (aplausos); lo hago con el sentimiento agradecido, porque hace unos minutos el Gobierno Revolucionario de Cuba ha honrado a Chile en mi persona al darme 1a más alta distinción que pudiera recibir en mi vida de revolucionario, al entregarme la medalla de José Martí. (Aplausos.) Yo sé que ella pertenece al pueblo chileno, que siempre estuvo y estará junto a1 pueblo de Cuba y a su proceso revolucionario. (Aplausos.) Vine, por vez primera, en enero de 1959 Vine, por vez primera, en enero de 1959 y prácticamente todos los años, hasta 1968, concurrí a Cuba para estar junto a su pueblo y ver cómo se afianzaba su conciencia revolucionaria, cómo los conductores de la revolución y cómo Fidel Castro daban el ejemplo de una voluntad creadora para derrotar al imperialismo y hablar el lenguaje de solidaridad a través del mundo. Vine a Cuba y tuve la oportunidad y el privilegio, junto a estar al lado del guajiro, del estudiante y el soldado, de conocer a hombres que tuvieron y tienen influencia decisiva en el proceso revolucionario latinoamericano. |
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Conversé con Camilo y el Ché, y con otros dirigentes de la Revolución Conversé con Camilo. (Aplausos.) Y más de una vez mis manos arrojaron al mar, en nombre de mi pueblo, las flores que se juntaban con las de ustedes para recordar al guerrillero desaparecido. (Aplausos.) Creo que tengo derecho, y me honro al hacerlo, a decir que fui amigo del comandante Ernesto Che Guevara. (Aplausos.) Y guardo un ejemplar de su libro Guerra de guerrillas, que me dedicara fraternalmente. Y con su espíritu amplio, me decía allí con su letra dibujada por la fraternidad: «A Salvador Allende, que por otros medios busca lo mismo. Afectuosamente, Che». (Aplausos.) Y en mi patria vivimos con inquietud las horas duras del guerrillero que entregara su vida por la emancipación de los pueblos latinoamericanos. Y como amigo, comprendiendo la magnitud de su sacrificio, cumplí el deber de acompañar a los que fueron sus compañeros en la lucha hasta Tahití, para que pudieran volver después a su patria. (Aplausos.) He tratado a Raúl Castro, a los compañeros dirigentes; he conversado largas y largas horas con Dorticós y con Fidel.
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Martí tenía razón cuando escribió: Por eso, Martí tenía razón cuando escribió: La América, al estremecerse al principio de siglo desde las entrañas hasta las cumbres, se hizo hombre, y fue Bolívar. No es que los hombres hacen los pueblos, sino que los pueblos, con su hora de génesis, suelen ponerse, vibrantes y triunfantes, en un hombre. A veces está el hombre listo y no lo está su pueblo. A veces está listo el pueblo y no aparece el hombre. Aquí, en Cuba, apareció el hombre, síntesis del pueblo: ¡Fidel Castro! (Aplausos.) |
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He vivido, junto a ustedes, acontecimientos que no podré olvidar He vivido, junto a ustedes, acontecimientos que no podré olvidar: la hora del triunfo, en enero de 1959; llegué pocas horas después de Playa Girón, donde el pueblo cubano derrotara, aplastara, diera una lección de heroísmo al derrotar a los malos cubanos contrarrevolucionarios, agentes del imperialismo (aplausos); estuve en esta misma plaza en 1962, cuando se hiciera la Segunda Declaración de La Habana. Y dijo Fidel: «Ahora sí la historia tendrá que contar con los pobres de América, con los explotados y vilipendiados de América Latina, que han decidido empezar a escribir ellos mismos, para siempre, su historia ... Porque esta gran humanidad ha dicho: ¡basta! y ha echado a andar. Y su marcha de gigantes ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia ... (Aplausos.) Por eso es que puedo decir más que otros que he visto desde sus horas iniciales el largo y duro y sacrificado camino que ha andado el pueblo de Cuba, venciendo el bloqueo económico, derrotando la insolencia imperialista, afianzando su conciencia revolucionaria y consolidando su conciencia política. Lo he visto haciendo producir la tierra, levantando escuelas, trazando caminos, atendiendo los enfermos, empujando su economía.
Pero, por sobre los esfuerzos que implicaba luchar por una zafra más alta y mejor, por sobre el sacrificio está el ejemplo: el ejemplo de un pueblo que señala al mundo una nueva moral, que dice a América Latina que hay un lenguaje nuevo en la ética revolucionaria, que pueblo y dirigentes conjugan. Cuba enseña a América Latina y al mundo Y Cuba enseña a América Latina y al mundo su clara concepción del internacionalismo proletario. Y porque hay esa nueva moral, porque hay esa nueva conciencia, porque está aquí latiendo la voluntad revolucionaria ejemplar de un pueblo, la delegación chilena y el compañero Presidente que les habla han podido sentir la emoción viril que hemos sentido cuando este pueblo acoge la generosa iniciativa de Fidel Castro para arrancarse un pedazo de pan y entregarlo a mi pueblo que lucha contra el imperialismo. (Aplausos.) ¡Gracias. Simplemente, gracias, queridos compañeros! Se las doy en nombre de los niños de Chile, de sus mujeres, de sus ancianos. Gracias, queridos compañeros. (Aplausos.) Siguiente
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